La Vida

lunes, 15 de junio de 2009

EL SUFRIMIENTO


"Bienvenida al mundo de los sufrientes hija mía! por fin te veo llorar..."


Una tarde de verano del 2005, sonó el teléfono de mi casa, al otro lado una voz, la de mi madre, me decía: Te llamo para darte una noticia, tu hija (la pródiga) se ha casado hace quince días, por el juzgado y en secreto.

No tengo palabras para expresar cómo me sentí... recuerdo que comencé a llorar, y entonces la voz de mi mamá dijo estas palabras: ¡bienvenida al mundo de los sufrientes hija mía!, por fin te veo llorar...

Lo que ocurrió a continuación fue algo extraordinario pero real, tan real como que ahora mismo estoy sentada ante el ordenador escribiendo estas palabras.

Como decía, mi mamá hablaba, pero yo dejé de oírla, su voz se volvió un lejano murmullo, muy lejano. Mientras ella seguía hablando, yo, aunque mi cuerpo físico permanecía de pie llorando y temblando, vi cómo me desplomaba contra el suelo, me vi muerta, si, muerta!

Escribí sobre ello, suelo hacerlo, y lo hice en forma de carta dirigida a una amiga, por supuesto no fue enviada, es sólo una forma de hacer terapia. En ella le explicaba todo el proceso desde que mi hija pródiga se había ido de casa, todo el dolor y sufrimiento, toda la incomprensión vivida...

Hoy leí esa carta, copiaré una parte tal y como la escribí en ese momento:

"Debo decirte M. que de no ser por Dios y por mi fe, no se que habría sido de mi. Pero me refugié en el Señor, a Él confié mis penas, a Él pedí ayuda mientras todo a mi alrededor se desmoronaba, y me ayudó, ¡vaya si me ayudó! nunca como desde entonces, he sentido Su presencia en mi.

Sí que es verdad lo de "pedid y se os dará". Pedí, Le pedí fuerza y me la dio, Le pedí consuelo, y me lo dio, Le pedí dejar de sufrir, y me lo concedió.

Pero para dejar de sufrir he tenido primero que aprender el por qué sufrimos, comprender y ver de donde venía dicho sufrimiento. Sufrimos cuando no aceptamos lo que nos toca vivir, cuando nos aferramos a personas, ideas, situaciones y cosas... cuando nos aferramos al sufrimiento, en lugar de aprender la lección que subyace tras el dolor..."

"He podido cerrar página hace poco, si M. por fin he podido "enterrar" a mi hija (simbolicamente, claro), he podido llorarla, expresar mi dolor; lloré, grité, las entrañas se me abrieron de dolor, sentí que mi cabeza y mi cuerpo, reventaban en mil pedazos, y que me moría. Y realmente me morí, si, un parte de mi se murió en ése instante, que fue cuando a través del teléfono mi madre me comunicó que mi hija, mi niña, se había casado hacía quince días, en secreto y por el juzgado (esas fuero sus palabras). Mientras mi madre hablaba, yo, lloraba e iba sintiendo el dolor de muerte, lloré lágrimas de muerte, puesto que vi, por primera vez toda la realidad de mi hija, y era que ella había abierto un abismo, una sima, entre ella y nosotros, y que ya sería prácticamente imposible de cruzar, por su parte claro.

Como te decía, me vi morir. Pero al instante, sentí que todo había concluido, sentí como el Señor, mi Señor, me ayudaba a levantarme, me secaba las lágrimas, me consolaba, se compadecía de mí, me acompañaba en mi duelo... Me puse en pie y me sentí bien, sentí que todo estaba bien. Me sentí renacer y que una nueva vida comenzaba para mi llena de cosas buenas.

Una inmensa alegría nacía dentro de mi, y no dependía ya de nada exterior, de nadie, de que me quisiesen o no; de que fuese o no aceptada... sólo dependía y depende, del conocimiento profundo de que Dios me ama, y de que yo Le amo, y con eso basta.

A día de hoy me siento casi una recién nacida, vivo o trato de vivir al día, agradeciendo todo lo que me trae la vida, y sobre todo, siendo feliz, alegre, y dejando que lo que siento en mi interior, esa parte de mi que todavía es niña e inocente, se exprese, viva y comparta con los que me rodean, la magia de vivir desde el corazón y sin sufrimiento."

Esto es parte de aquella carta escrita en 2005. Deseaba compartir esa experiencia de la Presencia en mi vida, en mi interior, de esa fuerza que todo lo puede, todo lo abarca; de ese Amor que todo lo trasciende, todo lo transforma y que cuando eres consciente de ello, te sobreviene una sensación de paz, alegría y contento, que es casi imposible describir con palabras.
Gracias.

4 comentarios:

Mira_azevedo dijo...

Deus sabe, melhor que nós mesmos, do que realmente precisamos e o que nos fará felizes. Ele nos convida ao abandono total em Seus cuidados, os quais sempre nos proporcionam o melhor, mesmo quando não compreendemos.
Não existe parto sem dor; maturidade sem perdas; felicidade sem se ater ao essencial.
E só quem realmente se abandona nas mãos de Ruha é capaz experimenta na carne esse amor incondicional. Esse amor que tudo pode, tudo abarca; que tudo transcende,que tudo transforma . Quando somos fracos é que somos fortes, pois nossa força vem daquele que nos criou. Confiemo-nos a esse amor incondicional e à criatividade de Ruha, la Madre , que nos ama e sempre realiza em nós o melhor.

Patricia dijo...

Amiga, la verdad yo tambien he sentido la presencia divina una epoca en mi vida, fue un momento que sentia mi alma partirse de pena...como tu aprendi que el dolor es algo intenso pero que sufrir es una eleccion.
Dios me toco el corazon y casi podria decir que me abrazo, es algo dificil de explicar.
Me alegra mucho que ahora recuerdes la experiencia de manera positiva, me alegra que enuncies ese amor divino con tanta intensidad que me llega al alma...
Agradezco tu amistad por ser tan especial y tan llena de amor, tambien por el mensaje que me recordo la fuerza y amor divino, jamas lo olvidare.
besos!

Estrella Altair dijo...

Admiro tu fe, tu confianza básica, tu dejarte llevar, tu resignación.... y tu capacidad.. para poder ponerte en manos de otros.

... sinceramente a mi María me faltan muchas veces.....

... desfallezco... pierdo el norte..

.. afortunadamente, soy lista en encontrarlo...

.. pero mientras andos sin esa confianza... mas vale no pensar en ello..

.. por eso tus creencias te honran como persona....

.. en mi son como los ojos del Guadina.

Besos y abrazos

Silvia García dijo...

Querida María,insisto con esto.. "por alguna razón te siento cerca, es como si percibiera que sentimos la vida parecido.".
Tenía 17 años cuando la idea de matarme se instalaba en mi mente cada vez con más fuerza.
En ese tiempo iniciaba mis charlas con Dios, con Jesús, yo le contaba llorando todo lo que me pasaba y El me abrazaba, me cobijaba.
Me enseñó lo que es el perdón, lo que es la aceptación, la compasión.
Hoy sigo mirando la vida con ese cristal.
Y cada vez estoy más convencida de que el dolor, el sufrimiento, te dá solo dos alternativas.
O vivís regodeándote en el dolor, o gozas de la Gloria del Señor.
Abrazos desde el alma